Las entidades farmacorreguladoras y la comunidad científica deben debatir la cuestión de ‘un anticonceptivo hormonal ideal’ desde muchas perspectivas diferentes, tales como la del médico dedicado a la planificación familiar, el epidemiólogo y las propias pacientes. Las directrices se deben basar en pruebas y no meramente en conjeturas. Las compañías farmacéuticas deben hacer frente a las cuestiones debatidas y seguirlas con estudios controlados comparativos aleatorizados prospectivos (los cuales deberían ser en gran medida estudios cohorte que, lamentablemente, son caros por su propia naturaleza). Sólo entonces sabremos si se puede lograr el concepto de un ‘anticonceptivo hormonal ideal’ o si éste continúa siendo imaginario. La cuestión de sesgo en estudios futuros bien podría perjudicar tales estudios y debe tenerse en cuenta.
No obstante, a través del debate relativo a un ‘anticonceptivo hormonal ideal’, se hace evidente que no hay un ‘ideal’ para cada mujer. El concepto de dinamismo anticonceptivo es sumamente importante, especialmente en un mundo donde deberíamos esforzarnos por ofrecer los mayores beneficios posibles en la esfera de la salud al mayor número posible de mujeres. La clave de esto es recetar adecuadamente, adaptando la formulación anticonceptiva a las necesidades de una mujer determinada y, por consiguiente, mejorando su estado endocrinológico y de salud en general. Por tal motivo, se requerirá una gama de formulaciones en píldora, cada una con un equilibrio de ventajas y que tenga en cuenta sus efectos potencialmente menos deseables con respecto a la percepción de la propia usuaria en cuanto a su aceptabilidad. Algunos productos deberían afectar lo menos posible el metabolismo de la mujer; otros rectificarían cualquier aspecto no deseado de su propia función menstrual, tal como el síndrome de tensión premenstrual, períodos pesados y dolorosos, y acné; algunos otros podrían mejorar una función básica normal de la mujer, por ejemplo, reducir su pérdida menstrual o incluso mejorar ciertos atributos endocrinos. Esta adaptación de la elección de una formulación específica a las necesidades y los deseos de la mujer en particular requerirá un proceso educativo en el caso de los proveedores de atención sanitaria pertinentes, a fin de que puedan adquirir la sensibilidad y percepción necesarias para esta forma de recetar anticonceptivos hormonales.